El software libre puede reducir dependencia, acelerar construcción y dar soberanía técnica. También puede introducir deuda si se adopta sin criterio, sin mantenimiento o sin entender la comunidad y el ciclo de vida del proyecto.
La pregunta no es si una pieza es abierta o cerrada. La pregunta es qué riesgo estamos aceptando, qué control ganamos, quién la operará y cómo encaja en la arquitectura completa.
Hay decisiones donde un estándar abierto evita quedar atrapado. Hay otras donde un servicio gestionado reduce complejidad y permite avanzar. La madurez está en saber distinguirlas.
Usar software libre con criterio significa documentar decisiones, preparar migraciones posibles y no confundir independencia con hacerlo todo uno mismo.
Si este problema te suena, cuéntanos qué estás construyendo y qué decisión necesitas tomar ahora.
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